Formación

“El seminario, antes de un lugar o espacio material, debe ser un ambiente espiritual con un itinerario de vida y una atmósfera que favorezca y asegure un proceso formativo, de manera que el que ha sido llamado por Dios al sacerdocio pueda llegar a ser, con el sacramento del Orden, una imagen viva de Jesucristo Cabeza y pastor de la Iglesia” (PDV 42).

         Este es, según la Pastores Dabo Vobis, el fin de la formación del seminario: formar en los candidatos al sacerdocio la imagen viva de Jesucristo. Y esto se hace a través de cinco dimensiones: humana, comunitaria, intelectual, espiritual y pastoral.

         La formación humana es el fundamento del resto de las dimensiones formativas y consiste en que todo el hombre pueda ser tocado por el amor de Jesucristo. Todos tenemos en nuestro corazón heridas provocadas por nuestra historia. La finalidad de la formación humana es madurar en el amor más verdadero, el que nos vincula a Jesucristo, en un camino de permanente crecimiento a lo largo de toda la vida. Así, el corazón de los futuros pastores estará preparado para ser vehículo del amor de Jesucristo. A través de temas formativos acerca de las virtudes y del conocimiento de sí mismo trabajamos en reuniones de grupo y encuentros con el formador, de tal forma que el seminarista, con la ayuda de los medios que nos proporciona la psicología, va madurando en la capacidad de entrega.

         Muy unida a la formación humana está la formación comunitaria. Los seminaristas viven, dentro de la gran familia del seminario, en pequeñas comunidades que les permiten hacer experiencia de vida en común. En ellas crean vínculos de amistad y aprenden a soportar con paciencia las pequeñas debilidades de los hermanos, así como a trabajar juntos en los distintos servicios.

         La formación espiritual lleva a los seminaristas a vivir un trato familiar y asiduo con el Padre, en la oración, por medio de su hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo. A través de la oración personal y litúrgica, de la dirección espiritual, de retiros y ejercicios espirituales, los seminaristas aprenden a vivir en fuerte amistad con el Señor, íntimamente unidos a Él. Así podrán ser testigos ante los hombres no de oídas, sino por propia experiencia.

         La formación intelectual, integrada por el estudio de la filosofía y de la teología, conduce a los seminaristas a poder dar razón de nuestra fe a los hombres de hoy. Esta formación consiste, además de los estudios del grado en Teología en la Universidad eclesiástica San Dámaso, en la lectura profunda de las grandes obras de la tradición cristiana.

         Toda la formación de los candidatos al sacerdocio, finalmente, está orientada a la dimensión pastoral. La finalidad de todo el proceso formativo es preparar a los seminaristas para comunicar a todos la caridad de Cristo Buen Pastor. Esta dimensión atraviesa, por tanto, las anteriores. Los seminaristas hacen esta formación práctica a través de pequeñas experiencias pastorales en las parroquias y en los diversos ámbitos de la caridad cristiana. En la última etapa del seminario, eminentemente pastoral, los candidatos al sacerdocio se introducen de forma más profunda en la vida parroquial y diocesana, además de recibir cursos especiales sobre distintos aspectos de teología pastoral.

         De forma transversal a estas dimensiones, el seminario completa la formación de los seminaristas en muy diversas habilidades humanas. Así, existe un programa de formación musical a distintos niveles, según las capacidades de cada uno, que incluye la Schola cantorum y el estudio de solfeo, órgano u otros instrumentos. El programa de comunicaciones sociales incluye la elaboración de esta página web, las redes sociales, la edición de la revista “Seminario de Madrid” y la formación en oratoria y medios audiovisuales. También podríamos incluir en este apartado la “Sala Toribio”, grupo encargado de presentar al resto de seminaristas lo mejor del cine de ayer y hoy para conocer el lenguaje cinematográfico, crecer como espectadores críticos desde la conciencia cristiana y aprovechar este medio en su dimensión pastoral. El programa de expresión artística, con la formación del grupo de teatro “Prosopon”, busca iniciar a los seminaristas en el conocimiento de las artes dramáticas. A toda esta formación se suma la práctica del deporte como medio para el fomento de una vida saludable y ámbito de comunión y fraternidad.