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ÚLTIMAS MEDITACIONES

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Os dejamos las meditaciones que se hicieron el viernes 1 de mayo con ocasión de la Jornada de Oración por las Vocaciones:

 “El Señor es mi pastor, nada me falta”

Por Alberto L.

Buenas noches, Señor Jesús, te adoramos, aquí a tus pies como tu Madre María.
Hoy nos congregas ante Ti, en esta Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, para seguir pidiéndote corazones valientes que se dejen seducir por tu Palabra y por la vida del Reino de Dios.
Vienes a recordarnos que, tú eres la puerta y el verdadero pastor que da la vida por las ovejas, que las custodia y no desea que se pierdan. Ahora te digo: “Me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa”. Ha habido tantos momentos Jesús en los cuales he mendigado falsos amores por no escuchar tu voz, sino más bien la de aquellos ladrones que se cuelan en el aprisco. ¿Qué puerta eres para mí, Jesús?
Tengo sed de Ti, pero me pierdo en mis miedos y necesito que me cargues primero, porque ¿cómo ser pastor, sino conozco primero a las ovejas? Por eso, me invitas Señor a conocer mi pobreza, a ser una oveja más del rebaño, pero alentado a escuchar tu voz, donde si me alejo, sé que siempre vendrás a cargarme en tus hombros, porque no deseas que me pierda, sino que deseas darme vida en abundancia. Me das la oportunidad esperándolo todo de mí, porque “tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida”.
Por eso, Jesús, enciende mi corazón con tu Espíritu para encontrar en él tu voz que me dice: “cuento contigo”, porque oigo muchas voces que llegan a mi corazón… por eso, ayúdame a reconocer en esa multitud solo un eco de tu voz, un susurro que vuelva a hacer que mi alma solo se mueva por Ti.
Te tengo a Ti, habitas en mí, soy tu tabernáculo, para transformar mi vida. “Nada temo, porque tú vas conmigo”. Dame la gracia de pensar lo que esperas de mí y que yo pueda hacerlo. Hazme fiel en mi pobreza. Tú eres quien habla en nuestros corazones. Y aquí, hoy delante de Ti me enseñas el Rostro del Amor y me invitas hoy a cuestionarme: ¿a qué me llamas Señor? Que mi respuesta sea: “vida de amor, he aquí mi razón de vivir”. Con Providencia de Padre, vienes a enseñarme el Camino y guías a tus ovejas regalándoles dones para servir a tu Iglesia y, aunque muchas veces pueda ser un ingrato, te fías de mí porque no miras mis defectos, sino que amas lo que soy y porque ansías ver el para qué me has creado. Ayúdame Señor a seguir siempre tu voz, a no desconfiar jamás, a creer que Tú eres siempre novedad, en que no tenga miedo de dejarme sorprender por Ti, desde mi pobreza, en mi debilidad, porque ahí Señor, es donde más quieres mostrar tu gloria.
Señor, danos vocaciones contemplativas como tú, Buen Pastor. Que no tengamos miedo de que nos tomen por locos en un mundo roto y sediento de Ti, incluso en nuestras familias, donde deberían entendernos mejor o, incluso con los amigos, que se extrañan cuando vivimos un proceso de conversión y pretenden que seamos “normales”, como el resto del mundo. Pero es que, Jesús, quien te sigue no es como todo el mundo, porque ha conocido tu amor y eso lo cambia todo. Que tú seas quien revolucione nuestra vida para manifestar la verdad y la belleza para la que hemos sido creados, que rompas nuestros esquemas y pongas en crisis nuestros proyectos y así creer que estas palabras son para mí: “Fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme”.
Como dice nuestro Papa Francisco, que podamos descubrir con gratitud la llamada de Dios en nuestra vida, encontrar la valentía de decirle “sí”, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero.
Que sea nuestra Madre María quien nos acompañe y siempre interceda por nosotros, y así poder decirte:
El Señor es mi Pastor, nada me falta.

“Las ovejas lo siguen porque conocen su voz”

Por Jesús J.

Señor, que gran misterio es éste: tu voz. No deja de sorprenderme mucho que cada vez
que cuento mi testimonio, o me presento como seminarista, una de las preguntas que
primero aparecen es: “pero a ti ¿cómo te habló el Señor? ¿Cómo supiste que te pedía
eso y no otra cosa?” En el fondo es la pregunta por tu voz, ¿cómo es? ¿cómo
escucharla?
Esta pregunta es difícil de responder porque las palabras, como tantas veces, se nos
quedan muy cortas para hablar de Ti. No obstante, después de estos años y viendo el
camino que vamos recorriendo juntos, me he dado cuenta de que la pregunta que no sé
responder realmente es ¿cómo son tus silencios?
Me he dado cuenta que desde que me llamaste a la vida has tenido siempre la palabra
oportuna para mí. Esto es verdad, pero no es menos cierto que no siempre he querido
escucharla. A veces el miedo, a veces la rabia o el dolor, a veces me he sentido
incomprendido por Ti… ¡Cuántas veces no he querido escucharte Señor! Cuando tus
planes no eran los míos y alzaba mi voz para no escuchar la tuya, pero tu seguías ahí
con una palabra para mí, con una palabra sobre mi vida.
He de reconocer que cuando escuché tu voz que me pedía ser sacerdote tuve mucho
miedo, porque todo lo que había montado en mi cabeza se venía abajo. Obviamente yo
quería ser feliz, pero no por este camino que me proponías. Realmente mi plan no iba
mal y objetivamente tenía todo lo que necesitaba para ser feliz, pero algo faltaba.
Constantemente me golpeaba contra un muro. Es increíble ver que nos has hecho tan
bien que solo Tú puedes colmar nuestros mayores deseos, nuestro corazón no se sacia
fácilmente. Y mientras tanto tu voz seguía resonando en mí.
¿Cómo no tener miedo a ponerlo todo patas arriba para lanzarse a la aventura de
seguirte Señor? A veces sentía incluso que no me entendías, que te habías equivocado
conmigo… Y Tú permanecías ahí, esperando una respuesta, pacientemente. Con los
bellos versos de Lope de Vega yo también me preguntaba:

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

Tú me respondiste: quiero tu felicidad, la felicidad que no dejas de buscar en el mundo
y que solo yo te puedo dar. Para eso has sido creado. ¡Qué felicidad tan grande al
decirte que sí! Nunca he sentido tanta alegría, mi corazón por fin descansaba porque ya
no se resistía a tu voz, sino que entraba en diálogo contigo.
Y es que tu voz no pide solo ser escuchada, busca una respuesta de cada uno de
nosotros, una respuesta activa que implica toda la vida, pero solo tras esa respuesta se
encuentra la vida. Es impresionante cómo a través de tu voz, junto al sí de tantos
hombres y mujeres, sigues transformando el mundo, empezando por su propia
existencia.
Desde que te dije que sí han venido momentos complicados, sin duda, pero nunca me he
sentido solo. Tú voz resonaba en mi corazón diciendo: no temas porque yo estoy
contigo; no te angusties porque yo soy tu Dios (Is 41,10). Tu mano no me ha soltado en
ningún momento. Ciertamente me siento un privilegiado, Señor, cuántos regalos he
recibido, desde los más grandes hasta las más pequeñas caricias de cada día que pasan
desapercibidas, pero que me hacen saber que estás a mi lado.
¿Cómo es tu voz? Creo que seguiría encontrando dificultad para dar una respuesta clara,
pero sé que Tú hablas, que me has hablado al corazón y tengo toda la historia que
hemos vivido juntos para no dudar de ello.
Cuentan del hermano Rafael que una vez le preguntaron sus amigos sobre el voto de
silencio de la Trapa ¿cómo podía vivir así? Él les respondió: prefiero vivir este voto de
silencio para escuchar a Dios, que el voto de silencio que hace el mundo a Dios.
Señor que no dejemos nunca de escuchar tu voz, la voz del Buen Pastor, y que no nos
falte el valor suficiente para decir que sí.