Oración de los martes

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,23-28):

SUCEDIÓ que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde:
«¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?».
Y les decía:
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».


CANCIONES


MEDITACIONES

“Sucedió que un sábado, Jesús atravesaba un sembrado”

por Miguel M.

Normalmente, Señor, estoy acostumbrado a que cuando alguien me dice que ha sucedido algo, esto sea extraordinario. Y hoy, sin embargo, el Evangelio nos cuenta que atravesaste un sembrado. Con la vista de la imaginación puedo contemplar esa tierra de Galilea, cerca de Cafarnaún, al norte de Jerusalén, al lado del mar de Galilea. Y ver en ella campos de trigo, como este del que se nos habla hoy. Y te puedo ver paseando por esos campos con tus discípulos, y puedo imaginar cómo sería ir con vosotros, caminar a tu lado, por esos caminos de tierra, arrancando espigas para comer…

Entonces voy entendiendo. Me acuerdo de la Navidad, que parece que está ya tan lejana, porque esta noche nos recuerdas ese Misterio: Que el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, que el Hijo, Dios verdadero, ha nacido como un hombre cualquiera: pobre, indefenso, necesitado… y como hombre ha crecido, ha ido aprendiendo… ¡Quién hubiera imaginado alguna vez a Dios aprendiendo! Y hoy te vemos caminando. Caminaste entre los hombres de tu tiempo, por esos sembrados de Galilea, y caminas hoy también, en este año 2019. Porque has venido a habitar con los hombres, a caminar con nosotros en el camino de la vida, hasta que un día veamos tu rostro cara a cara. Dios hecho hombre, abrazando la humanidad, y no una humanidad abstracta, sino muy concreta. Te has hecho hombre para poder abrazar mi debilidad y decirme eso que le dijiste a san Pablo: Te basta mi gracia, la fuerza se realiza en la debilidad. Has vencido el mal para ofrecernos la vida eterna, la vida plena… En la carne. No estamos mal hechos, la vida tiene sentido. El mundo es bueno, como dice el relato de la creación, tan bueno que Tú has querido entrar a formar parte de él, llevándolo a su plenitud.

Esta noche, desde la Custodia, donde estás Tú, Señor mío y Dios mío, con todo tu preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, todo Tú, porque has resucitado, te digo que quiero caminar contigo toda mi vida, colaborando en tu misión de llevar a todos los hombres la buena noticia de la salvación, ponerme en tus manos y decir…¿Qué quieres que haga? Y adorarte. Adorar a ese Dios, que eres Tú, Jesús de Nazaret, vivo, presente entre nosotros, que nos has reunido esta noche y que miras nuestro corazón diciendo: te amo.

Ahora, si leo de nuevo este evangelio, me acordaré de que hoy, igual que un sábado, Jesús atravesaba un sembrado.

María, Madre de la Eucaristía, enséñanos a amar más a tu Hijo.


“El hijo del hombre también tiene autoridad sobre el sábado”

por Adrián L.

Sábado, día de descanso y cuántos milagros hechos en sábado por Jesús. Esto escandaliza a los fariseos que no entienden nada de lo que hace Jesús. ¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido en sábado? ¿Por qué tus discípulos no ayunan?

Como nos decía ayer el evangelio: ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué?… cuantas veces pedimos explicaciones a Jesús por cosas que no entendemos. ¿Por qué esta enfermedad? ¿Por qué este enfado con este amigo? O preguntas en positivo como en el momento de la vocación ¿Por qué a mí, Señor? Ante estas preguntas solo cabe fiarse de Él, fiarse de aquel que tiene autoridad sobre todo y sobre todos, incluso sobre el sábado.

Señor, ayúdanos a fiarnos de ti, a abandonarnos a tu voluntad con la certeza de que, como dice el Papa, nos primereas y sabes aquello que nos conviene y aquello por lo que alcanzaremos nuestra meta: la santidad. En este camino, queremos ir de la mano de tu Madre, modelo de confianza en el Señor. María, llévame de tu mano hasta tu hijo y enséñame a confiar cada día mas en Él y en Su voluntad.