Pastoral

La pastoral es un tiempo en el que los seminaristas pueden hacer experiencia de los diferentes ámbitos de la vida parroquial y de Iglesia. Con la finalidad de ir, poco a poco, aprendiendo a configurarse con lo que un día serán: Sacerdotes. Así pues el Seminario los envía, generalmente de dos en dos, a los diferentes destinos, que también tienen una duración de dos años. En primero y segundo curso son enviados a una parroquia, en donde desarrollan actividades formativas (catequesis, grupos de jóvenes…). En tercero se desarrolla una pastoral social (Hospitales, residencias…) en donde se encuentran ante la cara menos visible de la Iglesia. En el curso de cuarto y quinto se vuelve a las parroquias con mayores responsabilidades y teniendo una mayor presencia en la misma. Por último la pastoral de sexto y el diaconado, se inserta a los seminaristas en la vida de la propia parroquia en donde ya participan, en su medida, de las futuras misiones.

Jesús Jorge, pastoral de primero.

Parroquia “Cristo Sacerdote”

Mi nombre es Jesús y soy seminarista de primero. La vida pastoral ha sido una de las cosas que más me ha llamado la atención desde que entré en el seminario en septiembre de 2015. De hecho, puedo decir que la actividad pastoral ha sido y es una de mis grandes ilusiones en este camino hacia el sacerdocio.

          Mi primer envío como seminarista ha sido a la parroquia de Cristo Sacerdote, y la verdadob_f160a5_cristo-sacerdote es que la experiencia está siendo maravillosa. ¡Cómo olvidar el día en que nuestro formador nos llevó a mi compañero de pastoral y a mí a la parroquia para presentarnos a los sacerdotes! Fue un momento en el que se mezclaban los nervios y las ganas de empezar. Allí, en Cristo Sacerdote, lo más importante es estar y ver cómo funcionan las cosas, puesto que, aunque uno ya haya tenido vida de parroquia antes de entrar al seminario, la perspectiva es ahora totalmente distinta. Actualmente doy catequesis de primera comunión junto a una catequista de la parroquia, además de ayudar en la vida litúrgica y estar presente en las actividades del grupo de jóvenes.

          En resumen, puedo destacar que mi experiencia me ha ayudado a ver más de cerca la labor de los sacerdotes y a sentir la parroquia de otra manera. En estos meses es algo que valoro muy positivamente y que me está ayudando a crecer en mi formación.

Jorge Olábarri Azagra, pastoral de tercero.

Casa “Don Orione”

DSC_0006El tercer año en el Seminario Conciliar marca un punto de inflexión en la vida pastoral de los candidatos al sacerdocio, pues, tras una primera experiencia como seminaristas en una parroquia durante los dos primeros cursos, se nos envía a una pastoral de carácter más social, sin una vinculación expresa a una parroquia. Con esta misión se busca que los seminaristas tengamos contacto con la realidad del sufrimiento, ya sea corporal o espiritual, que tanta gente vive. Es una oportunidad de servir más de cerca a aquellos que más lo necesitan. Debido a la ingente labor que los sacerdotes tienen en las parroquias, en muchas ocasiones no pueden dedicarse como quisieran a atender a estos enfermos. Por ello, es una verdadera gracia poder dedicar todo un año a servir a aquellos que padecen en su cuerpo los dolores de la enfermedad o se encuentran solos o desechados por la sociedad.

          Nosotros hemos sido enviados al hogar de “Don Orione”, fundado y dirigido por la orden de los orionistas. En el centro residen 114 adultos varones discapacitados que se dividen en distintos hogares dentro de la misma casa, según su grado de dependencia. Nuestra labor se limita a los sábados y los domingos por la mañana, ayudando a quienes allí trabajan en las diversas tareas, como pueden ser el hacer las camas de los enfermos, ayudar en el desayuno y en la comida, pasear a los discapacitados, etc. Los domingos asistimos a la Eucaristía, acompañados por algunos de ellos.

          La experiencia está siendo inolvidable por muchos motivos, pero, quizás, destacaríamosimages tres puntos. En primer lugar, reconocemos que es un inmenso don el poder ver a Cristo en el hermano enfermo. Cuando estamos con ellos recordamos las palabras de Cristo: “cuando lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. En segundo lugar, la entrega total de los hombres y mujeres que cada día se ocupan de estos prójimos tan dependientes. Ellos son luz en un mundo que suele dar la espalda a estas personas. Y en tercer lugar, cómo no, es increíble el propio testimonio de los discapacitados. ¡Es cierto que recibimos más de los que damos! Siempre volvemos al Seminario llenos de afecto de estos chicos, que ya se han convertido en verdaderos amigos. Es una amistad casi sin palabras, pero repleta de gestos que manifiestan un profundo amor. Si tuviéramos que quedarnos sólo con un momento de nuestra pastoral sería el de poder compartir la Eucaristía con ellos.